sábado, 26 de noviembre de 2016

Fidel Castro ha muerto.-

No quiero escribir mucho de este personaje, que no se lo merece.

Ayer murió el jefe de la cárcel de Cuba, un hombre que supo engañar a los cubanos para que se apuntasen a su revolución, sin darse cuenta, de que se ponían ellos mismos las cadenas.

 Les había prometido la libertad. Prometió muchas cosas que nunca cumplió, y como los grandes prestidigitadores que venden ilusiones, éste vendió humo: el mundo progre, que no sufría sus manejos, se tragó su revolución, vendiendo al resto como sociedad ideal, un campo de concentración, en el que siempre hay sitio para quien se declara oposición. Eso si no muere en accidente, como accidentaron a Oswaldo Payá.

Transformó a Cuba de paraíso en infierno. Allí no hay más que necesidad y delación, mientras los Castro se han enriquecido, amasando una fortuna, pues de todo han hecho negocio. Como botón de muestra: las empresas hoteleras pagan unos 600$ al mes por cada trabajador, pero solo reciben 20$, propinas aparte (estos los enchufados del régimen).

A ver si los cubanos de bien tienen suerte y salen de ésta sin daño, pues en estos casos de repúblicas comunistas donde muere el líder, se estila más el mal menor y, en lugar de democracia, heredan un engaño, pues los dirigentes comunistas se apropian de las empresas rentables y siguen en el machito.

Espero que Donald Trump no colabore en ese engaño y permita que los cubanos puedan hacer justicia. 

En otras ocasiones he escrito sobre el por qué los Castro han podido medrar debajo de los EE.UU. sin que los pisaran. Un detalle: la misma estrella ondea en sus banderas, habiendo colaborado los Castro en la desestabilización de América, al impedir el resurgir económico de muchos de sus países, lo que ha permitido a los hermanos del Norte dominar un gran mercado sin apenas competencia.

Para otros los detalles miserables de esa comedia.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Péptido, el argentino ingrato

Canción dedicada 
don Pablo Echenique

Echenique nique nique,
Echenique mingarrón,
tu mama te salvó,
de pedir por la Argentina,
sin futuro ni ambición,
y te trajo hasta Aragón.

Medicinas y colegio,
con ayudas y tesón,
sin salir de Zaragoza,
España te doctoró.

Echenique nique nique,
Echenique domingón,
el CSIC te acogió,
aliviando las desdichas,
de una vida de retrón,
un error como inversión.

En lugar de agradecerlo,
quiere afrentar a Aragón,
separándonos de España,
como si fuéramos dos.

Echenique nique nique,
Echenique podemón,
si te queda razón,
pide perdón a los maños
o márchate en un avión,
o te echarán al pilón.


Chis, pom.