jueves, 31 de diciembre de 2009

Hay que echar a los políticos desconsiderados y abusones

En estos tiempos de crisis algunas autoridades se están riendo de todos nosotros.

Mi generación fue educada en valores; de ellos, destaco la importancia que se daba a la honradez y a la disciplina en el trabajo; también nos advertían contra los vicios y las malas costumbres, fuentes de problemas individuales, familiares y sociales. Acostumbrarse a madrugar se convertía en virtud frente al trasnochar; la bebida podía formar parte de nuestras costumbres, sujeta a moderación; el juego era bueno como forma de compartir el ocio con los amigos; de los días de la semana, sólo el domingo era festivo, festividades religiosas aparte, etc., etc.

De aquella formación en valores, saco como consecuencia, que en tiempos de crisis, la única fórmula eficaz para combatirla es restringir los gastos. Eso supone, convertir en superfluos muchos de los gastos que antes podíamos considerar como necesarios. Es la única manera de ayudarnos a nosotros mismos y de poder ayudar a aquellos conciudadanos que han perdido su trabajo, su empresa y sus ingresos. Únicamente colaborando los unos con los otros podemos hacer más llevaderos estos tiempos de calamidad y de prueba.

Entonces, ¿a qué viene semejante título?

Anoche fui testigo de un hecho vergonzoso que pone en tela de juicio a nuestra clase política: Tuve que acercarme al centro de Zaragoza a la una de la madrugada a recoger a unos familiares. Eran exactamente la 1:10 cuando paré el coche en el semáforo que hay a la salida del puente de Hierro sobre el Ebro, por donde se entra a Zaragoza desde la avenida de Cataluña. Me sorprendió ver tres coches oficiales, sendos Audis negros aparcados en Echegaray y Caballero, junto a la acera por donde cruzan el puente los peatones, en un lugar donde ni tú ni yo podemos aparcar sin riesgo de multa y grúa. Pensé que era una hora un tanto intempestiva para inauguraciones. Pronto descubrí un cuarto coche oficial, también mal aparcado a la derecha, en la glorieta conocida como Puerta del Sol que tiene en su jardín un reloj gigante que mira al cielo. Este último coche y la gente que hacía guardia en la puerta de un restaurante de campanillas, en la antigua muralla, me abrieron los ojos: nadie estaba inaugurando nada; cuatro gerifaltes se habían dado cita en el restaurante y, sin duda, andaban de cuchipanda en sus adentros ¿Qué si no? Eran pruebas circunstanciales pero evidentes: los dos hombres de oscuro en las inmediaciones de la puerta del restaurante ya citados, cuatro charlando amigablemente cerca de los tres coches de la izquierda, y dos de los choferes sentados en su asiento, dentro de sus vehículos, total ocho. Pensé sin riesgo de equivocarme, que cuatro eran conductores y los otros cuatro guarda espaldas. Se puso el semáforo en verde y me dirigí a tomar la calle de san Vicente de Paul, abandonando la escena.

Para mí era evidente que se trataba de cuatro políticos usando y abusando de su posición, no obstante, me entretuve valorando otras posibilidades: los empresarios de campanillas llevan buenos coches, pero no son de negro riguroso y varían las marcas; por otra parte, Zaragoza no es Madrid ni Barcelona, que es donde la clase alta más abunda; los grandes empresarios por su parte no suelen hacer ostentación de su posición, conducen ellos mismos sus vehículos y no suelen ir con guarda espaldas; por último, cuando se juntan, lo hacen en lugares más discretos donde no es necesario dejar mal aparcados los coches, al albur de cualquier municipal. Cuando alguien se atreve a saltarse a la torera las señales de tráfico es porque es una autoridad o se cobija bajo ella. Lamentablemente, en nuestro país, las autoridades practican la ley del embudo según les conviene. Tengo que decir, que no había por allí ningún coche patrulla de los municipales, que andaban en ese momento, según pude comprobar más tarde, haciendo un control de alcoholemia a la entrada de Cesáreo Alierta, por el paseo de la Constitución.

Seguro pues de que se trataba de autoridades locales o autonómicas aragonesas, me puse a pensar que esas autoridades (Alcaldes o Presidentes o Delegados de quien fuera) estaban obrando con manifiesto abuso de cargo y mucho más en unos momentos en los que la crisis azota a la ciudadanía, sin distinción. No importa quién pagó la cuenta o si se pagó, fuera en la calle había ocho funcionarios haciendo horas extraordinarias nocturnas que las acabaremos pagando los ciudadanos de nuestro bolsillo, y si era un compromiso oficial ineludible, en estos tiempos no es de recibo que cuatro funcionarios acudan con cuatro coches, pudiendo hacerlo en dos, que si hay que ahorrar en gastos hay que predicar con el ejemplo y por eso no se disminuye la seguridad, que no los estoy mandando en taxi.

Sinceramente, los políticos que acudieron a cenar al restaurante asador deberían ser identificados y cesados u obligados a dimitir. Que no se den cuenta de que ese comportamiento es incorrecto, sobre todo en la actual coyuntura económica, nos hace pensar que carecen de sensibilidad y entrañas. Si estaban celebrando su buena suerte, que se den cuenta de que les va bien a costa nuestra, que el resto de la ciudadanía andamos a la cuarta pregunta y aún tememos que nos pueda ir peor. Están surgiendo rumores de que podemos acabar en la más completa ruina cuando la UE se canse de la política de estos irresponsables y nos eche de la zona euro. Lamentablemente, el pueblo llano que no estamos conformes con sus desaguisados nos sentimos impotentes al carecer de mecanismos para procesarlos por uso indebido del dinero público. Ahí están los jueces que podrían hacerlo y no lo hacen. Me viene a la mente la lucha que mantuvieron hace unos años los jueces italianos contra la corrupción y la camorra, que le echaron dos atributos de los que tienen los verdaderos hombres. Aquí, por lo visto no tenemos jueces de esos.

¿Acaso tenemos alguna garantía de que estos tíos puedan hacer algo con esta falta de valores que manifiestan para sacarnos de una crisis que ellos mismos han inflado con sus derroches?

¡Vaya salida de año! La receta es conocida: patada en el culo sin esperar a las urnas y a su casa.

martes, 1 de diciembre de 2009

La política es tentación, vocación, oportunidad, ¿qué es? Se admiten opiniones.


        En la política hay de too: buenos y malos; o sea, tontos y listos. Normalmente los listos y los malos son los que llegan lejos, porque son astutos, taimados y sin escrúpulos, además, esas cualidades suelen coincidir en el mismo sujeto; los otros, los pardillos, se van aburriendo por el camino, pues reciben palos de todas partes, y si se descuidan, acaban metidos en algún marrón de no te menees. Veamos dos ejemplos:

         Según una definición popular que me he inventao, producto de 30 años de democracia mejorable, "Corruto es el compañero que sa metío a manejar el cotarro político pa chupar de la borrega y sacar tajá”. ¡Vamos!, que “lo mejorcico de cada casa” -perdón por la ironía-, en lugar de dedicarse a delinquir matando a disgustos a su padre y a su madre, como era la costumbre, se apuntan a la política. Para los que formamos la sociedad en general, que somos los que ponemos la pasta, era mejor lo de antes: que se dedicaran a escarmentar a particulares, pues, al final, acababan en la cárcel y el daño que hacían al común no era mucho. Con la democracia, estos pájaros se han dado cuenta de que pueden medrar rápido, mejor y sin riesgos entrando en política. Estos listillos familiares se meten en partidos que tocan poder –lo de la ideología, como el amor, vendrá con el tiempo, cuando se vayan conociendo. 

         El camino es empinado: se trata de asirse a uno de los nudos que tiene la cuerda de ascender -normalmente el de abajo- pero, estos malhechores siempre pillan descuidao a alguno de más arriba, que no esta bien sujeto y le da vergüenza dar coces cuando le importunan. Saben que en cuanto asciendes un poco en el escalafón, tienes entradas de palco gratis en el futbol, en los toros, en el teatro y en la ópera (si hay); pronto localizan al compañero más hijo puta que está asentado en la poltrona, para ponerse bajo su amparo y dispensarle del trabajo sucio que acostumbraba. Cuando ya pertenecen al círculo de los que comparten secretos inconfesables, ascienden en las listas electorales –los ascienden pa quitarselos de encima, que los han calao, y les tienen más prevención que a un tiranosaurius rex en ayunas-, con lo cual, les dan y consiguen un cargo de cierta importancia: comienzan a viajar en avión y en el AVE por el morro en clase busness, consiguen coche oficial, chofer, secretaria y guarda espaldas de una tacada, etc; pronto se ven inaugurando cosas rarísimas y carísimas, que valen la mitad o menos de lo que han costao –algunas las inauguran hasta cuatro veces- y si hay comida de celebración por el inaugure, la manduca por la filo a cambio de un discurso incomible. Al poco, les queda salario y pensión para los restos. Si se conforman con ser culiparlantes (diputau del Congreso o senaor -independentista o no-), la cosa va más despacio, pero, mientras llega la oportunidad de apuñalar a Cesar, la bebida, los cafés, los pinchos del bar, y el alojamiento del Rich les salen a precio de amigo. Todos los conocen y les invitan, que el día de mañana puede depender de ellos tu negocio y tu futuro, que van lanzaos hacia los telediarios. Cuando estos pajaritos caen en un partido con poco futuro electoral, hacen lo mismo, hasta que controlan la parte de arriba y se vuelven imprescindibles e inalcanzables, dedicados a controlar con mano dura a todos los que le rodean y a mirar por ellos mismos, como siempre.

Si por el contrario no perteneces a lo “mejorcito de cada casa”, tienes tus escrúpulos y, engañado o no, te apuntas a la izquierda recalcitrante. ¡Sí, hombre, la de toda la vida!, la que sigue empeñada en salvarnos de nuestras degeneradas costumbres para imponernos dieta de cubano. Pues bien, esa izquierda, te hace diputao o concejal pa quitarte del sueldo establecido el impuesto revolucionario correspondiente. Te lo dejan temblando. El IRPF seguro que te lo respetan: “pa que te lo chupes entero, que pa eso te lo han rebajao en las Cortes; lo demás es pal partío, que anda siempre canino y tiene muchos gastos”. El caso es que te tienes que joder y apañártelas con tu mujer, que te llama tonto las escasas veces que te ve, por la miseria que le das, acordándose del día que le contaste que te ibas a meter a político: “Pa reglá er mundo Facundo” y pensando que tienes por ahí alguna pelandrusca. O sea, que si eres honrao, corres serio peligro de dejar de serlo. Y no les vayas diciendo a tus camaradas que antes ganabas más, que enseguida te apodan “el pudiente” y te avergüenzan. Si en tu empresa durante los cuatro años de mandato, han firmao algún convenio con alguna mejora, “pa ti no hay na, que estás de excedencia y bastante hacen con garantizarte el sueldo que ganabas ¡Que eres el que más ganas de toos!”. Menos mal, que dietas por aquí y viajes por allá, aún sacas una pasta, aunque eso te suponga no ver a la familia y acabar del estómago, por la comida “casera” que te ves obligado a tragate en los baretos, y por la mala leche que se te pone cuando llega el camarada encargado de la contabilidad y te pide también el impuesto revolucionario por las dietas.

 Y es que no te debes quejar, que si eres de izquierdas y sólo vales pa empujar del carro, estás obligao a seguir siendo un muerto de hambre aunque te toque la lotería, que si te toca, ya te puedes borrar del partido o sindicato y salir corriendo, que no pararán hasta que les des la parte del impuesto de los cojones que ya sabes ¡Pa dar ejemplo! El compañero Fidel es otra cosa: no lo critiques, que aunque es comunista, tenía bula pa hacerse rico; y bastante ha sufrío el hombre con tener que fumar cohibas a tuti ple pa hacer propaganda, andar toda su vida ¿capao? y con barbas, y tener que inventarse aquellos discursos tan largos, y soltarlos de corrido. Si tienes algo que reclamar,… Mejor te lo callas, que el de arriba no esta pa escuchar quejas de blandos, sobre todo si eres de esos listillos que presumen de haber entrao en política pa manejar el cotarro en favo de la clase trabajaora, que la dictaura del proletariao consiste en ezo: en que los de abajo aguanten a los de arriba contentos y orgullosos. Y si no, que se preparen, que no hay que ser desagraecío; que pa eso nos quieren libra de los sucios capitalistas, que no hacen más que explotanos y chupanos la sangre. El de arriba ¡Ya sabes! Está liao intentando cargarse a un compañero más alto que anda distraío, y si le importunas, igual se entrena contigo y te echa la curpa de argo pa usate de perdaño y arcanzá con la hoz arguno da arriba, segale las patas por los tobillos y aplastale la caeza con el martillo.

Continuará…