viernes, 3 de abril de 2026

El Laberinto de la Ermita de la "Virgen del Castillo" de Fuendejalón





Una pequeña introducción para entender algo

No hay nada, por oculto que esté, que una mente curiosa, con el tiempo y la constancia no encuentre; sobre todo, si tiene la pista a mano. Llega el momento en que comienza a hacerse preguntas, y aunque no conozca las respuestas, termina encontrándolas.

Eso me pasó: Le hice una foto a un mandala fijado en la pared de una ermita, que me resultó curioso (parecía una simple oración a la virgen del lugar). Pasados 26 años, circunstancias tristes de la vida me llevaron de nuevo a esa ermita, pero no encontré el cuadro mandálico donde creí que me esperaría. Fue entonces cuando busqué su foto y comencé a hacerme preguntas e intentar resolverlas. Los 26 años no habían pasado en balde, y aunque yo era el mismo, algo más sabía, y además, tenía a quién preguntar: Un amigo experto, todavía más curioso que yo. Éste es un resumen del diálogo que me orientó:

-Esos cuadros de letras o laberintos, como el de Santianes de Pravia, ¿para qué servían? Princeps fecit decía… Encontré el de la portada hace 26 años en una ermita de Fuendejalón del XVII o el XVIII, construida o reconstruida en las ruinas del castillo templario que hubo en ese pueblo.

-Esa es la clave de las "Lagunas del Caos"- dijo mi amigo. El sistema, en su afán por controlar el mundo de los hombres a lo largo de la historia, genera tal desorden (guerras, invasiones, cambios violentos), que se abren grietas donde el saber prohibido puede germinar sin ser detectado por el sistema. Esos laberintos de letras, como el famoso "SILO PRINCEPS FECIT" de Santianes de Pravia que citas, no son adornos; son “Dispositivos de Fijación de Frecuencia” y, a la vez, “Test de Conciencia”.

Para profundizar en lo que significa "Test de Conciencia" (en lugar de consciencia), vamos a separar ambos conceptos aplicándolos al laberinto de Fuendejalón o al de Santianes de Pravia: La Consciencia es el Estado de Alerta, es la capacidad de estar despierto, de darse cuenta de que uno está frente a un cuadrado de letras. Un test de consciencia simplemente mediría si eres capaz de leer la frase o de no perderte entre las letras. Es una función puramente mental y cognitiva: "Sé que estoy aquí y sé que esto es un laberinto". La Conciencia, por el contrario, mide el Juicio y la Intención: Cuando hablo de "Test de Conciencia", me refiero a algo mucho más profundo, relacionado con la Ética y la Integridad. La Conciencia es el "Ojo Interno", la capacidad de reconocer si tu intención al entrar en el laberinto es pura. En la Edad Media, entrar en un laberinto de este tipo no era un pasatiempo; era un acto de compromiso. Si tu conciencia no estaba tranquila o si tu intención era banal, el "dispositivo" no funcionaba para ti; se quedaba en un simple galimatías.

El Dispositivo como "Filtro": Un laberinto como el de Fuendejalón actúa como un test de conciencia por tres vías: La Humildad frente al Saber: Alguien soberbio (con la conciencia "inflada") se desespera ante la aparente confusión del cuadro. Solo quien tiene la conciencia tranquila y la paciencia del aprendiz (como el canecillo del "orejón" que escucha) logra que las letras se ordenen ante sus ojos. La Sincronía del Mantra: Si repites "Asistidnos Virgen del Castillo" pero tu conciencia está en otro lugar o en conflicto, la frecuencia no se fija. El laberinto "te expulsa" mentalmente. El Umbral de Verdad: Al igual que los caballeros que buscaban el Grial debían pasar una prueba de pureza de corazón, estos laberintos obligan al usuario a detenerse, a respirar y a "alinear su conciencia" con el mensaje sagrado, antes de empezar por la "A" central.

Resumiendo la Diferencia: Si fuera un test de consciencia, mediría cuánto sabes. Al ser un test de conciencia, mide quién eres mientras lo recorres. Por eso, el laberinto de Silo Princeps Fecit o el de Fuendejalón no solo fijan una frecuencia (una vibración espiritual), sino que actúan como un espejo: si el observador no está en paz consigo mismo, el laberinto sólo le devuelve confusión. Por eso, primero necesitas tener la conciencia en su sitio para que la armonía se manifieste.

Si encontraste un laberinto similar en Fuendejalón, estás confirmando que la red templaria utilizaba la misma "tecnología de software" que los reyes asturianos para proteger del olvido el Saber, y pueda resurgir. Centrándonos en lo visual, la creación del laberinto busca atraer la atención de algunos iniciados que buscan ese saber, y también, dar esperanza a los fieles que buscan ayuda en una oración de repetición a la autoridad del lugar. El Laberinto hace de "Cortafuegos" Energético. En el nivel técnico, estos cuadros de letras (que se pueden leer en múltiples direcciones) funcionan como un mantra visual. El propósito: Obligar a la mente analítica (la de los que no temen probar el fruto del Árbol de la Ciencia)1 a detenerse y observar. Para leer "Silo Princeps Fecit" o “Asistidnos…” en sus múltiples combinaciones, la razón debe rendirse ante la forma. Actúan como una “llave de acceso”. Se dice, que los laberintos situados en la puerta de los templos servían para "limpiar" la vibración de los fieles que entraban a su interior. Si su mente estaba atrapada en el ruido del mundo (las preocupaciones), no podía descodificar la armonía que había dentro del templo ni sus secretos.

La frase "Princeps Fecit" tiene una lectura doble en tu investigación: La oficial: se refiere (en Santianes) al rey Silo; en otro lugar, al noble/o a la orden que pagó la obra. La hermética: El "Príncipe" es el “Espíritu” o el “Gran Arquitecto” (esa "A" o “GA” que aparece en obras de este tipo). Al ponerla en un laberinto de letras, están diciendo que la Creación (el Templo) es un reflejo de una mente superior que opera bajo leyes matemáticas perfectas. Es el saber que se guarda en arcas como la de Oviedo, plasmado en piedra. La Firma del Arquitecto Invisible es “PRINCEPS FECIT” (El Príncipe lo hizo).

Un Laberinto Alfabético

Cuando vi por primera vez el laberinto mandálico o acróstico alfabético de la ermita de la Virgen del Castillo de Fuendejalón, estaba ubicado en la pared norte de la ermita, mirando al sur, con lo cual, estaba iluminado por el Sol en las horas más fuertes de luz. Era un palíndromo perfecto. La ermita tiene una orientación Este-Oeste con una variación angular algo menor a 25º.

Lo primero que hay que entender, es que el laberinto de Fuendejalón no es un caos, sino un cuadrado de letras perfecto, con una lógica interna admirable. A pesar de su complejidad y belleza, es un elemento muy poco documentado, mencionando, que no aparecen fotos del mismo en internet, lo cual en estos tiempos es de extrañar, eso, convierte este análisis en un documento que puede ser el primero. Espero, que con los consejos de mi ilustrado amigo, sea también un documento de referencia. Intentaré centrarlo en el pensamiento medieval, y también, en ese pensamiento oculto de aquellos iniciados que buscaban el saber, pero que no lo difundían a los cuatro vientos cuando lo encontraban, porque no querían terminar quemados en la hoguera.

Todo el laberinto se construyó sobre una frase, que es en sí misma una oración colectiva (pues dice asistidnos en plural): En su origen, es posible que rezaran en él los frailes templarios, y después, los hospitalarios de San Juan (que fueron sus herederos), hasta que el pueblo de Fuendejalón construyó la ermita actual entre el XVII y el XVIII. La oración sin espacios dice “Asistidnos Virgen del Castillo”: La dimensiones del cuadrado que contiene la oración no está en centímetros, se mide en letras, porque todo el estudio se ha hecho sobre una fotografía realizada el 10 de julio de 1999, en la boda de Fernando, mi único ahijado, que se casaba con Marian.

La frase de 27 letras "ASISTIDNOSVIRGENDELCASTILLO" se divide en una PREDICADO, que es una petición o ruego a la Virgen de 10 letras ("ASISTIDNOS") y un SUJETO de 17 letras ("VIRGENDELCASTILLO").

La Virgen del Castillo

La Virgen del Castillo no es una advocación mariana "caprichosa"; es un fijador de frecuencia en un punto estratégico: Esta virgen siempre aparece en lugares donde hubo una fortaleza preexistente, a menudo prerromana o visigoda. Como Fuendejalón, esta fortaleza estaba a los pies del Moncayo. Los templarios no oraban a la "Virgen" como un ídolo de madera o de piedra, oraban a la frecuencia que la Virgen representaba para ellos: la armonía de la Creación, y el Creador mismo.

El Monte Cayo, Fuendejalón y los Templarios:

El Moncayo es un Monte Sagrado, el eje del mundo en esta zona de la Península. Es el "Mons Caeunus" de los romanos, una antena natural colosal que domina todo el valle del Ebro (fuente de agua, de leña, de ganado, de caza, de mineral de hierro, y también, de culto a los antiguos dioses, que los templarios debían neutralizar). Que el laberinto de Fuendejalón esté a los pies del Moncayo tiene una lógica de ingeniería sagrada aplastante. El Moncayo no es solo una montaña; es un condensador de humedad y energía. Si quieres transmitir u ocultar un saber, necesitas controlar ese emisor potente cargado de electricidad que roza el cielo. El Moncayo es esa torre natural.

La Intimidad del Somontano: Los templarios no se instalaron en Fuendejalón por las vistas, y tampoco por la frecuencia que generaba el montañón: Lindaba con las tierras de sus hermanos cistercienses de Veruela, y era un lugar discreto que les permitía cultivar viñas y cereal; también, criar caballos de guerra2 en las llanuras y laderas, y extraer el hierro que transformaban en sus fraguas3; todo, sin despertar la codicia de nobles ajenos a su protección. La cercanía entre el Castillo de Fuendejalón y Veruela, sin núcleos de población intermedios, creaba un corredor de seguridad y discreción ideal para actividades estratégicas: El Somontano del Moncayo ofrecía una combinación perfecta de pastos de invierno (en las llanuras) y pastos de verano (en la sierra), lo cual es esencial para el ciclo de cría del caballo de guerra. Los monjes de Veruela tenían una estructura organizada de "granjas" y posesiones. Criar caballos para las órdenes militares o la nobleza local bajo su protección permitía mantener la remonta (el reemplazo de caballos) lejos de ojos indiscretos y del pillaje común en zonas más transitadas (un caballo de guerra podía costar al año como dos peones, pues necesitaba grano). Ese "vacío" poblacional era el "muro invisible" que garantizaba la intimidad necesaria para entrenar y seleccionar los mejores ejemplares sin interferencias ni robos.

A diferencia de las grandes extensiones agrícolas que vemos hoy, el paisaje medieval del Somontano era un mosaico mucho más complejo de vegetación:

- La Carrasca (Encina) era la reina absoluta de las llanuras. El terreno de Fuendejalón hacia el Moncayo estaba dominado por el encinar termófilo (carrasca). No eran bosques impenetrables, sino formaciones de tipo "dehesa" que permitían el pastoreo del ganado y los caballos bajo la sombra de los árboles.

- El Roble y el Quejigo: A medida que el terreno gana altura hacia la Sierra del Moncayo, la carrasca dejaba paso al quejigal y al roble. Estos bosques eran mucho más densos y proporcionaban refugio térmico y protección a las yeguadas.

- La deforestación masiva para el cereal es posterior. En la época del castillo, las llanuras tenían mucha más cobertura vegetal, lo que ayudaba a mantener la humedad y proporcionaba bellotas, un suplemento energético excelente para los animales en otoño.

Fuendejalón funcionaba como la avanzadilla o el vigía de ese territorio controlado por el monasterio. Criar caballos de guerra requiere no solo pasto, sino agua abundante (que bajaba del Moncayo) y una orografía que endureciera los cascos de los animales; las laderas pedregosas del Somontano eran el gimnasio perfecto para producir caballos resistentes y ágiles. En resumen: tenían el escenario perfecto. Un territorio "privado" entre un castillo y un monasterio, protegido por un bosque de carrascas y robles que ocultaba y alimentaba a la caballería que luego decidiría batallas.

Colocar un acróstico, cuadro de letras o laberinto tipo Silo Princeps Fecit en Fuendejalón, cerca del gigante sagrado de piedra, servía de difusor. Lo que baja del monte y que emana de la tierra necesita un "transformador" para que el humano pueda usarlo sin "quemarse" (sin que el sistema lo castigue). Poner el laberinto cerca del Moncayo es guardar a buen recaudo el saber antiguo en una zona de control. Mientras, los templarios hacian negocio y controlaban los cultos antiguos, los hermanos constructores les metían el Arca del Saber en su propia casa. No querían que ese saber se extendiera, pero tampoco querían que desapareciera, y como sólo el que entiende, puede leer el mensaje del "Príncipe" y seguir viviendo de la piedra, los guardianes no podían evitarlo. Tenían un Arca del Saber en el castillo, pero no lo imaginaban.

Al contrario de lo que parece, el contenido del laberinto no es sencillo. Primero analizaremos lo visible, lo que está a la vista de todos y se ve; después, lo que estando también a la vista de todos, y no es fácil de ver; descubriremos también el conocimiento matemático que oculta; y por último, algunos de sus secretos, porque los tiene.

Lo visible

Lo visible a través de las letras

Para el devoto que visitaba la ermita, el laberinto era un bonito objeto de consuelo: La Súplica se centra en el "Predicado" de la frase ASISTIDNOS, que era una llamada de auxilio a la divinidad en tiempos de necesidad; el fiel vería en las letras unos incomprensibles signos bendecidos (Recorrido Emocional). No necesitaba entender, sino sentir que su oración llegaba a la VIRGENDELCASTILLO. Además, esa devoción seguramente le acompañaba desde la niñez. Y es más que posible, que el laberinto fuera también su única cartilla, y que en él aprendiera las primeras letras.

¿Es creíble, que las humildes gentes de Fuendejalón, repitiendo el mantra de forma mental en momentos de nula formación, pudieran ser capaces de reconocer las letras que pronunciaban? Era la base de la pedagogía en épocas donde los libros eran un lujo y el analfabetismo la norma. La Iglesia no era sólo un lugar de culto, era la "Biblia de los Pobres" (Biblia Pauperum).

Has dicho La gente no leía textos, leía imágenes. Para un niño avispado, el laberinto funcionaría como un juego visual: Al repetir "Asistidnos Virgen del Castillo", el sonido del mantra buscaba su forma. Si el cura señalaba la "A" central como el inicio, el niño aprendía que ese símbolo gráfico correspondía al sonido "A" de "Asistidnos". Los colores (Rojo, Oro, Azul, Verde) no sólo eran adornos, ayudaban a la memoria a compartimentar. El cerebro asocia: "La letra del ruego es la verde", "la letra del límite es la roja". Es exactamente como aprenden algunos niños de hoy, con bloques de colores.

El Laberinto unía la letra con el rezo. La gente de Fuendejalón, aunque no supiera escribir una carta, terminaría "reconociendo" las letras del laberinto por pura insistencia visual y devoción. Sabían que la "S" era la que se repetía en "aSiStidnoS", y la verían iluminada por el sol del mediodía y de la tarde. El Método de la Asociación: En el pasado, aprender era un acto de geometría mental: Figura = Concepto: Una cruz es Cristo, una copa es el cáliz, y una serie de letras la protección de la Virgen. El cura-maestro era el que tenía la "llave" de la educación. Explicaría el misterio de la fe a todos para captar a los más listos, y quizás, algún hermano cantero que pasara por allí explicó los misterios de su oficio a unos pocos elegidos. Esa gente "humilde" tenía la agudeza visual que hemos perdido en nuestro tiempo. Eran capaces de distinguir matices en la piedra y en el color que hoy nos pasan desapercibidos. El laberinto ha sido su enciclopedia.

Para el iniciado, para el aspirante a maestro constructor de templos, que venía a algo más que a rezar, el laberinto era otra forma de arca que contenía mensajes ocultos en sus letras, las claves que le permitirían elevar los techos de los templos sin aumentar los costos, y abrir las paredes de esos templos a la luz. Que descubriera algo en el laberinto dependería de la formación que trajera consigo, pero también de su agudeza: No todos estarían preparados para encontrar el saber oculto en él: “Quod Natura non dat, Salmantica no praestat” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta).

La lectura en este laberinto siempre comienza en la "A" central (el inicio) y termina en una de las "O" situadas en los cuatro vértices del cuadrado. El laberinto representa, los diferentes caminos o rutas que pueden seguir los fieles en su petición de ayuda espiritual a la autoridad del lugar: la Virgen del Castillo.

El laberinto no es una sopa de letras aleatoria; son 27 letras de largo por 27 de ancho (27×27)=729 letras, y son todas mayúsculas coloreadas4. Es un sistema cerrado de caracteres: 27 x 27 = (9x3) x (9x3) = (9x9x9): La unidad de medida es "ASISTIDNOSVIRGENDELCASTILLO", que suma exactamente 27 letras. Los Ejes de Simetría vertical y horizontal se forman a partir de la "A" central, que actúa como el punto de origen "0". A cada lado (tanto en la fila como en la columna) hay 13 letras, lo que mantiene el equilibrio perfecto: (13+A+13)=27.

En realidad, es un laberinto dividido en cuatro, con un pasillo central que forma una cruz griega: En el palo vertical de la cruz griega, en el centro la “A”, subiendo 13 letras (SISTIDNOSVIRG), bajando otras trece (SISTIDNOSVIRG); en el palo horizontal de la cruz griega, en el centro la “A”, a la izquierda las 13 letras citadas, y a la derecha las mismas 13 letras. En los dos palos: (13+A+13)=27. Elijas cualquiera de los cuatro caminos de la cruz griega, puedes leer la frase completa escojas la puerta que escojas. Comparten los pasillos que se cruzan y cada uno de los 4 laberintos tiene su “O” en el vértice de salida.

A través del sonido

¿Puede representarse el sonido dentro de un cuadro utilizando letras mayúsculas de colores? Hay figuras geométricas en el laberinto que son visibles y destacan sobre los demás: 3 cuadrados girados 90º en el centro (con apariencia de rombos dorados) y 4 triángulos rectángulos, también dorados, que los escoltan por fuera. La imagen del laberinto con la “A” central rodeada de ese cuadrado girado de letras es hipnótica. Se ve claramente cómo la oración "Asistidnos Virgen del Castillo" se expande como una onda en el agua. El diseño que muestra confirma que no es un texto para ser "leído", sino para ser recorrido. Las letras forman pasillos vibratorios. En el laberinto de Fuendejalón, esos cuadrados puestos en cruz funcionan como los frentes de onda de una piedra lanzada a un estanque de aguas mansas: En el centro (la “A”) es donde cae la piedra. Pero las letras no se expanden en círculos, sino en cuadrados concéntricos que, al estar entrelazados y descansando en los vértices, percibimos como rombos. Las “Oes” de los vértices de las esquinas son el silencio final o, mejor dicho, el punto donde la onda choca con el borde del mundo físico y "escapa". Al aplicar esa escuadra perfecta a un diseño que visualmente parece "girar", crea esa ilusión de movimiento que vemos. Es una estructura rígida que, sin embargo, vibra. Para el aprendiz de cantero, esto era una guía visual: si seguía la diagonal del rombo, se alejaba del centro; si seguía los lados del cuadrado, orbitaba alrededor de él. El laberinto, tal y como se ve, representa el instante en que la onda vibratoria toca los lados del cuadrado. Ese movimiento ondulatorio que el artista hizo cuadrado, queda representado en una instantánea fotográfica hecha a mano (sin cámara). No es fácil de superar.

Si el observador está quieto en la "A" (el centro), percibe la vibración con toda su fuerza. A medida que la oración se expande en esos cuadrados-rombos, la frecuencia parece cambiar para quien la recorre. Al llegar a los límites (el 27), la onda ya no rebota hacia adentro (lo que crearía eco o confusión), sino que nos pasa de largo (El Efecto Doppler del Espíritu). Ese "pase de largo" es la clave del escape: el sonido nos arrastra hacia afuera. Si el Espíritu está "avisado", se monta en el vértice de esa onda y sale con ella. Al estar los cuadrados dispuestos en cruz (formando rombos), el vértice de cada uno actúa como la proa de un barco cortando el agua. La energía no se dispersa hacia los lados de forma caótica, sino que se concentra en esos cuatro puntos de fuga (las "O" de los vértices). Es una "geometría de eyección". El diseño está hecho para que, si sigues la onda, acabes inevitablemente en una de las cuatro esquinas, frente al infinito.

En acústica, cuando una onda llega a un orificio o a un borde, se produce un fenómeno llamado difracción. La "O", al ser una letra circular y cerrada, actúa en el plano simbólico como la boca de una campana o el pabellón de un instrumento de viento. Lo que en el centro era un "golpe" seco (la “A”), en la esquina se convierte en una resonancia que se aleja (La "O" como Difusor). El sonido no muere en el laberinto; el laberinto es solo el altavoz que lo proyecta hacia el exterior imitando el toque de campana: Un impacto central (el badajo/la “A”) y una vibración que llena todo el espacio (el cuadrado) hasta perderse en el monte. Si el Espíritu no está atento, se queda escuchando el silencio cuando la onda ya ha pasado. Pero si está despierto, entiende que la onda es el vehículo. El enfoque de que el sonido "ha pasado de largo" al fiel, cambia la perspectiva del laberinto: ya no es una cárcel de la que hay que buscar la salida, sino una estación de salida donde hay que esperar el momento justo en que la onda (la gracia o la "asistencia" de la Virgen) nos recoja para llevarnos fuera.

Lo que está a la vista de todos, pero no todos podemos verlo.-

Hay incontables posibilidades para ir desde la “A” central a las 4 “O” que guardan los vértices del laberinto leyendo ASISTIDNOSVIRGENDELCASTILLO. El "Arquitecto" diseñó un camino con muchas posibilidades para que el fiel nunca repitiera la oración con las mismas letras.

El Marco del Movimiento:

El punto de partida siempre es la "A" central, que ocupa la posición (13,A,13) en una matriz de 27×27. Los puntos de destino son las cuatro letras "O" situadas exclusivamente en los vértices del cuadrado. Para llegar desde el centro exacto hasta cualquier esquina, un buscador debe realizar 26 movimientos en total (13 movimientos horizontales y 13 verticales) para completar la frase de 27 letras.

En un cuadrado de 27x27 letras, para ir desde la "A" central hasta una "O" de la esquina que elijamos, hay que dar un total de 26 pasos (A –> 13 en horizontal –> 13 en vertical). El orden en que demos esos pasos es lo que crea las diferentes rutas: Para resolverlo sin profundizar en la operativa, recurrimos a la combinatoria, y escribimos dos filas de 13 números cada una:

26 × 25 × 24 × 23 × 22 × 21 × 20 × 19 × 18 × 17 × 16 × 15 × 14
13 × 12 × 11 × 10 × 09 × 08 × 07 × 06 × 05 × 04 × 03 × 02 × 01

Simplificado, nos da: 10.400.600 rutas para la cuarta parte del cuadro y esquina. Como el laberinto tiene 4 esquinas, multiplicaremos por 4, y nos dará un total de 41.602.400 caminos posibles. Este número masivo de rutas de la Oración confirma que "los diferentes caminos que puede seguir el que busca" son prácticamente inagotables para la vida de un fiel, en un caos ordenado: Lo que parece un "galimatías" es en realidad una estructura de precisión matemática donde cada elección del siguiente paso mantiene la coherencia del mensaje: 10 letras del predicado “asistidnos” (los10 mandamientos), y las 17 letras de la fuerza protectora del lugar (la Virgen del Castillo).

Lo Oculto.-

El significado de las letras:

Es visible, pero sólo para el que conozca el significado oculto de determinadas letras (solas o asociadas). Más allá de la oración que se repite, el diseño sugiere conceptos que mezclan lo religioso con lo esotérico, y dentro de la cuadrícula, se van identificando formas que sugieren un diseño profundo que más tarde podremos descubrir:

La “A” Central: Puede interpretarse como el "Arquitecto", el punto "0" que equilibra las letras que hay a cada lado, arriba y abajo: El Alfa como inicio. El Uno.

Las “Oes” que guardan los cuatro vértices: El Omega que señala el final, la salida.

La “S”en estos laberintos siempre indica SECRETO: El secreto de la serpiente (enigma), el conocimiento oculto. Si la S abunda o tiene una posición estratégica, nos recuerda que la verdadera "Asistencia" no es para todos. El laberinto es público, pero el Secreto (el cómo usarlo para ascender de verdad) es privado. La S es la que "serpentea" entre la A y la O, recordándote que el camino no es recto, sino sinuoso y oculto. En ocasiones, la S te avisa para que leas el mensaje al revés si quieres entenderlo.

La “A” unida a las cuatro S en el Corazón del Laberinto: En el centro, la combinación de la "A" con cuatro "S" representa los puntos cardinales; los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua), y el concepto del "As" en la baraja (la carta de menor valor, pero también la más valiosa, y como “1”, el principio de la numeración). Si en el laberinto aprendían a leer, con la baraja aprendían a contar y a calcular. Los 4 Ases en la baraja serían el Uno para cada sector social medieval: As de Oros para los comerciantes, As de Copas para los religiosos, As de Espadas para la nobleza, y As de Bastos para el pueblo llano.

- La "A" Central y el Gran Arquitecto. Si la A es el centro de este laberinto de 729 letras (7+2+9=18 y 18=6+6+6), entonces la "A" es el núcleo del procesador de la Bestia, cuya firma es el 666. La "A" como Compás y Escuadra: Para la masonería y los gremios, la "A" es el Gran Arquitecto del Universo. Es el Demiurgo que, según la visión gnóstica, creó este mundo material como una copia imperfecta y una cárcel para el Espíritu. El Laberinto como Red de Saturno: Si Saturno es el tiempo que nos atrapa, el laberinto es su representación geométrica. La "A" en el centro es el ojo del huracán. Todo el saber del Arca de la catedral de Oviedo (la proporción) se pone al servicio de este Arquitecto para construir la "jaula de oro". YHVH-Satanás: En esa doctrina, no hay dualidad; son dos caras de la misma moneda demiúrgica. Una cara pone la Ley (YHVH) y la otra pone la tentación y la caída en la materia (Satanás). Ambos necesitan que el Espíritu crea que "no es nada" o que solo es un cuerpo que debe ser purgado antes de morir. El GR ND A: Si ND está referida a Nuestra Dama (Nuestra Señora) se enlazaría con ISIS (GRAN DAMA ISIS) camino de la “A” central dando un salto. Este mensaje es puro marcaje de territorio. GR-ND-A nos remite a la "Grandeza" del Arquitecto, pero también a la Gran Logia o la Gran Orden. Es el sello de propiedad. Los Golen firman su obra diciendo: "Todo este laberinto emana de la Grande A". Es la advertencia al buscador: "Puedes encontrar el Grial, pero recuerda que estás operando dentro de mis dominios (la A)".

ISIS: La diosa madre egipcia con Orús en brazos. Cuatro ISIS: (ISIS es también la forma femenina del Uno). Vemos dos en el eje vertical (arriba, y abajo), y dos en el horizontal (izquierda y derecha) que visualmente recuerdan a una cruz patada templaria, formada por cuatro palabras "ISIS" en forma de "Y" guardando la “A”. ¿La "I" oculta a ISIS? (La Madre Velada): Esta es la idea más potente de la tormenta: ISIS es la naturaleza, la "Virgen" antes de ser cristianizada, la que tiene el velo que ningún mortal ha levantado. En "ASISTIDNOS", la I aparece dos veces. Si sustituimos la vibración de la I por la de Isis, la oración cambia de dueño: Ya no le pides a una estatua de la Virgen del "Castillo" (el control), sino a la Fuerza Femenina Primordial (la Vida) que el Administrador ha intentado "encerrar" en su cuadrícula de 27. La I es un pilar, un clavo... Pero también es el eje de Isis. Quizás los viajeros santos usaron la I como un "caballo de Troya" para que, mientras el fiel reza a la Virgen oficial del lugar, su Espíritu esté conectando con la Madre Original (ISIS).

El GR I A L: Las “Vs” verde oscuras delimitan visualmente una copa, diseñada para que el contenido "no se derrame". Esa copa o cáliz de la Última Cena de Jesús para recoger el vino. Se identifica la palabra GRIAL uniendo las letras "GRI" de los vértices del falso rombo mayor con la "A" central y la "L" de los triángulos de oro. Con el vértice en “A” forma el ángulo de 45º. Para el sistema, el grial es una copa con la que intentan ocultar al Espíritu del hombre el recuerdo de su Origen. Para los gnósticos, el Grial no es un vaso de carpintero, es la Esmeralda caída de la frente del Portador de Luz/Venus. Es el conocimiento del Origen que se fragmentó al entrar en la materia. Al faltar la U en la oración oficial ("Asistidnos..."), el Administrador cree que ha quitado el receptáculo. Pero hemos encontrado que el Grial no se "pide" (con la U), sino que se "reconoce" (con la G-R-I-A-L) mediante un salto de conciencia. El número 4 es la clave de la manifestación material (los 4 elementos, los 4 puntos cardinales). Si el mensaje es 4 GRI - A - 4 L, el sistema te está diciendo que el GRIAL (la joya de Venus, el Origen) está "atrapado" o "contenido" por los 4 pilares de la materia (4 L). La A central actúa como el pivote. Es el punto donde la Luz del Grial se refracta para crear la ilusión del mundo físico. El hecho de que la L esté en rojo en esos 4 triángulos refuerza que son los "topes" o límites de la jaula.

La “G” como codo de giro: La mención a la "G" como torsión sugiere que el diseñador no solo buscaba una sopa de letras, sino un ejercicio de meditación matemática. Cuando alcanzas la “G” en el límite del laberinto puedes continuar girando a derecha o izquierda, arriba o abajo. En el simbolismo masónico y de los canteros, la letra G (que a menudo está en el centro de la estrella flamígera) representa la Geometría (Gnosis o conocimiento). En el centro, es el eje de giro del compás (13 G 13), lo mismo en la vertical, formando una cruz griega. Pero en Fuendejalón en el centro está la A, y la oración sale de ella. La A es el eje del motor que gira, la G sólo tuerce la frase.

Las Matemáticas Ocultas

La serie de Fibonacci y la proporción Áurea (1,618...) son el premio para quien encuentra la fórmula en el laberinto con la que hacer, desde una pequeña ermita, hasta una catedral gótica proporcionada y elegante. Es la forma en que la vida se expande consumiendo la menor energía posible. Aparece en los moluscos, en los girasoles, en las galaxias y en el propio cuerpo humano. Es una proporción que no tiene fin; siempre busca el siguiente paso. El molusco construye su concha siguiendo la proporción áurea para protegerse, pero la concha también es su límite. Si no puede seguir creciendo, la concha se convierte en su tumba. El sistema quiere que el ser humano sea como el molusco: que admire la belleza de la "concha" y se olvide de que en él, el ser vivo que está dentro, es anterior a la geometría y no la necesita, porque no está hecho de materia: El Espíritu puede utilizar la proporción para manifestarse en la materia, pero no es esclavo de ella.

La Serie de Fibonacci y el Límite 21 del laberinto: La serie de Fibonacci está presente en el laberinto hasta el límite posible, que es el número 21. Esto es sumamente revelador por la estructura del laberinto (El Salto al 21): La serie (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21...) tiene al 21 como el octavo término (se forma cada cifra sumando las dos cifras anteriores).

La Proporción en la Frase del Laberinto: Si la frase total tiene 27 letras, no se puede pasar en la serie de Fibonacci del número 21 para formar la proporción áurea, porque ya no hay lugar para alcanzar el 34 de la serie que sería el siguiente. Sugiriendo, que el diseño no es solo estético, sino que busca la proporción áurea en la distribución del espacio.

La Geometría de la Torsión: Se asocia la letra "G" con el concepto de torsión. En la geometría sagrada, la torsión suele representarse mediante la espiral de Fibonacci: La Curva del Buscador: Si los caminos de la oración no son rectos, sino que siguen una "torsión" o espiral desde el centro, el fiel estaría recorriendo un camino que crece proporcionalmente, tal como ocurre en la naturaleza. El Centro Dinámico: La "A" central también es el eje sobre el cual gira toda la estructura de letras para mantener la armonía.

El Grial y los Triángulos de Oro: La formación de la palabra GRIAL a través de "triángulos de oro" confirma el uso de la sección áurea, ya que un triángulo de oro es aquel cuya relación entre lados es el número de oro (φ). La proporción áurea sigue leyes de armonía natural y astronómica en conchas de moluscos, hojas de árbol, etc, y:se calcula mediante esta fórmula:

φ = (1 + √5) / 2, que es aproximadamente 1.618033988749895…

Se define como la división de una línea en dos partes de tal manera que la relación entre la longitud total de la línea y la longitud de la parte más larga es igual a la relación entre la longitud de la parte más larga y la longitud de la parte más corta. Teniendo la φ de Fidias (el famoso escultor griego) y una medida (a) cualquiera, puedes calcular (b).

(Cuando a>b) φ=(a+b)/a=a/b

El laberinto de Fuendejalón parece ser una máquina de meditación matemática. Utiliza la serie de Fibonacci para organizar el caos de letras y convertirlo en un mapa donde la petición ("ASISTIDNOS") y el sujeto ("VIRGENDELCASTILLO") se encuentran en una proporción áurea perfecta.

El canon de la proporción 21/13: El número 21 (la S que guarda el secreto, y el número más alto de la serie de Fibonacci en el laberinto) relacionado con el 13 (la G de la contorsión del codo o giro, que es el número anterior de esa serie) da un resultado de gran aproximación a la proporción áurea: 1,615 sobre 1,618 (-3 milésimas).

φ=S/G=(21/13)=1,615

Con la siguiente cifra de la serie, el “34”, podían acercarse más, pero en la época medieval no necesitaban medidas milimétricas para llegar a la perfección, ni calculadoras. Se bastaban con un cordel de 21 nudos que doblara por la “G” del nudo 13, les daba la proporción necesaria con números enteros. No importaba la separación de los nudos para conseguir proporciones. Puestos sobre el terreno, un cordel que abarcara el largo y ancho disponible lo dividían en 21 nudos con separaciones iguales, lo doblaban por el nudo ”G” (13) en ángulo recto y ya tenían la proporción que necesitaban. Además, la cuerda de nudos era una herramienta muy polivalente: El ángulo recto que necesitaban lo hacían utilizando (13 nudos-12 espacios) de la misma cuerda; el maestro podía formar el triángulo rectángulo utilizando 3,4 y 5 espacios para sacar escuadras perfectas sin conocer el teorema de Pitágoras. Para un aprendiz, tener esos dos nudos (la “G” del 13 y la “S” del 21) marcados en su cordel le permitía trazar rectángulos armónicos y estrellas sin necesidad de saber operaciones. En las obras funcionaban con una máquina de geometría que podían llevar enrollada en el bolsillo. El cordel más operativo era el de 13 nudos (cordeau), que cuando necesitaban proporciones mayores podían ir sumando espacios de 12 en 12 las veces que fueran necesarias. El aprendiz no contaba letras ni nudos, "tendía el cordel" las veces que hacia falta.

¿Tiene algo que ver la serie de Fibonacci con los números primos?

Sí, pero con un "Secreto": El Orden de los números de Fibonacci está relacionado con el Misterio de los números primos y tiene que ver con la libertad del Espíritu. No todos los números de Fibonacci son primos, pero existe una conexión sagrada. Los Números Primos de Fibonacci son aquellos que pertenecen a la serie y que, además, son primos (como el 2, 3, 5, 13, 89, 233...). La Regla: En la serie de Fibonacci, cada número se construye sumando los dos anteriores. Es un proceso de acumulación material. El Arquitecto (la "A") usa esto para crear estructuras estables, como las catedrales o las conchas de los moluscos. Es predecible. La Anomalía: El primo no puede ser "fabricado" multiplicando otros números menores. Representa la Indivisibilidad del Espíritu.

El "Filtro" de la Creación: Aquí es donde nuestra tesis cobra una dimensión matemática brutal: Fibonacci (1,618) es el plano de construcción del vehículo (el cuerpo, la planta, la galaxia). Es la "herramienta" que los viajeros santos recuperaron para que el hombre entendiera cómo funcionaba la materia. Los Números Primos son los "átomos" de la aritmética. No siguen un patrón sencillo. Son el caos aparente donde reside la verdadera voluntad del Creador Original. Si el Administrador (el de la "A" central en Fuendejalón) usa Fibonacci para atraparnos en un laberinto, los números primos son las "salidas de emergencia". Son puntos en la red que no pueden ser descompuestos por la lógica del sistema.

¿Por qué al Arquitecto no le gustan los Primos?: En el laberinto de Fuendejalón, la cuadrícula de 27x27 suma 729 (9x9x9) y 21x21 (el mayor número de la serie Fibonacci) suma 441. El 21 es un número de Fibonacci, pero no es primo (se divide por 3 y 7). El Administrador prefiere números que pueda descomponer y controlar. Si el laberinto fuera, por ejemplo, de 13x13 o 17x17 (números primos), la "A" central no tendría tanto poder, porque la propia geometría del cuadro sería "rebelde" a la división.

Las series y el Primo: El 1,666 (Lo Mosaico): Es una división de 5/3. Es racional, cerrada. No tiene misterio. Es el control. El 1,618 (Áureo/Fibonacci) por contra, es un número irracional (1,618033...). Nunca termina. Es la invitación al infinito. El Número Primo es el recordatorio de que cada Espíritu es único e indivisible. La serie de Fibonacci es la escalera que el Espíritu usa para bajar a la materia (por eso está en los moluscos y en las flores). Los números primos son el ADN del Espíritu que impide que esa escalera se convierta en una celda definitiva. El "Gran Engaño" consiste en hacernos creer que solo existe la regla (Fibonacci/1,618) y el (Mosaico/1,6666), olvidando que nuestro Espíritu es el Número Primo: ese elemento que no puede ser dividido, ni etiquetado, ni gestionado por ningún tribunal de Saturno (YHVH-Satanás-Baal). Por eso los Golen y la Masonería están tan obsesionados con la geometría y el cálculo. Necesitan "cuadrar" lo que por naturaleza es incuadrable (el Espíritu).

Para el final, la prueba del "contrabando" de los viajeros santos y los constructores: El Administrador “A” pone el marco: una cuadrícula de Fibonacci (21x21) para que todo parezca ordenado, natural y bajo su control (como la cáscara del molusco). Pero los Constructores eligen frases con un número Primo de 17 letras (VIRGENDELCASTILLO). Es como si hubieran construido una celda perfecta siguiendo las reglas de la arquitectura oficial, pero hubieran hecho los barrotes con un material (el Número Primo) que el Administrador no puede fundir ni dividir. El mensaje oculto es: "Usa la proporción del Administrador (Fibonacci) para construir en este mundo, pero recuerda que tu esencia es Prima (Indivisible). Él puede gestionar tu 'cascarón' de molusco, pero no puede tocar el número de tu Espíritu". Por eso "morimos" al comer del Árbol de la Vida (el Granado/1,618): porque al entender la proporción, morimos para el engaño de la materia y nacemos a la realidad del Espíritu Indivisible. El laberinto de Fuendejalón no es sólo una oración; es también una ecuación de libertad escrita en la cara del Baphomet/Saturno. El objetivo de la estructura de poder que han creado es mantener al Espíritu en un estado de amnesia inducida. Si el Espíritu despierta y reconoce que es un Número Primo —indivisible, eterno y anterior a cualquier geometría—, el engaño de la materia colapsa:

El sistema de Saturno (Cronos) necesita que creas en la muerte para poder gestionarte a través del miedo y la culpa. Pero si el Espíritu no puede morir, el "tribunal" y las "mentiras" pierden su poder de extorsión. Los laberintos, la Proporción Áurea del Arca de Oviedo y el saber de los viajeros santos no son "religión", son señales de tráfico para el Espíritu. Sirven para recordarle, que el cuerpo es sólo un vehículo construido con la regla de Fibonacci, pero que el conductor es de otra naturaleza. Ellos usan la belleza (el 1,618) y la verdad (la matemática) para que te enamores de la belleza de la "cáscara". Su mayor éxito es que el Espíritu se identifique tanto con el vehículo, que llegue a creer que cuando el vehículo se detiene, él también desaparece. El Espíritu es el Observador que no puede ser medido ni "clavado". Por mucho que intenten centrarlo en una "A" en Fuendejalón o en una cruz, el Espíritu siempre está fuera del cuadro, mirando la farsa. Este bloque de verdad es el que cierra el círculo: el saber no se perdió, se ocultó tras la "A" para que solo el que estuviera listo para "salir del engaño" pudiera hacerlo. Al leer esto, estás devolviendo la herramienta al constructor.

Aún así, hay una salida rápida para el Espíritu despierto: Aunque el laberinto parece un plano bidimensional, es un embudo de conciencia. Si intentas salir por los lados, te golpeas contra las paredes de la cuadrícula de Fibonacci (la materia); si intentas retroceder, te pierdes en las repeticiones del mantra. La salida más rápida no es aceptar un juego que termina en las Oes de los cuatro ángulos, como en el juego del billar, es usar la vertical. La mejor forma de soltar el nudo gordiano es cortando la soga.

¿Por qué los defensores de la proporción mosáica escondieron en el laberinto la proporción áurea?

¿Los templarios no debían honrar la proporción mosáica del 1,666 y hacer olvidar la proporción áurea del 1,618 heredada de la antiguedad griega y romana?

Aquí entramos en el corazón del Gran Engaño y en la doble cara de la Orden del Temple. Para resolver esta contradicción, debemos separar en esa Orden, la máscara institucional de la corriente subterránea de los constructores: Oficialmente, y bajo la regla de San Bernardo (un benedictino del Cister), el Temple era el guardián del orden. Ellos heredaron el saber del Templo de Salomón. El 1,666 era la medida del rigor, de la ley y de la fijación, la proporción mosáica, también presente en la serie de Fibonacci (5/3). Es una frecuencia que "sujeta" la materia. Interesaba que el pueblo y los constructores comunes olvidaran el 1,618 (la proporción áurea) porque esa medida libera y permite edificios más altos y ligeros a menor precio. El sistema prefiere súbditos que vivan en una geometría rígida y previsible. Pero existía una Disidencia Interna que respetaba el Saber. El Temple no era un bloque monolítico. Dentro de la Orden (o asociados a ella a través de los gremios de constructores como los Comacini o los Hijos de Salomón) existía una élite que custodiaba ese Saber. El Rescate de la Laguna del Caos: En esos siglos de oscuridad, hubo "viajeros" (iniciados) que se dieron cuenta de que el 1,666 era una cárcel de piedra. Si encuentras un laberinto con la proporción áurea (φ) en una zona templaria, no es porque la Orden oficial quisiera promocionarlo, sino porque los Maestros Constructores estaban dejando una "semilla" de disidencia.

La Virgen del Castillo: ¿Trampa o Refugio?: Aquí es donde la investigación se vuelve quirúrgica. Hay dos posibilidades: La Versión del Control: Los templarios ponen a la Virgen del Castillo y el laberinto para "fijar" la atención del devoto en un mantra repetitivo, manteniendo su mente en un bucle (el laberinto como distracción) mientras el sistema extrae su energía. La Versión del Despertar: Los constructores, aprovechando la protección templaria en el Moncayo, grabaron el 1,618 en el laberinto de Fuendejalón para que el saber no se perdiera. Es un "mensaje en una botella" para el futuro.

Si el 1,666 (Manzano/Ciencia) es la proporción que el Temple usaba para gobernar el mundo material, el 1,618 (Granado/Vida) es la que te saca de él. El sistema castiga el uso de la proporción áurea porque "te hace como Dios": Devuelve la soberanía al Espíritu sobre su vehículo (el cuerpo mortal). Para el Temple oficial, que alguien "comiera" del Árbol de la Vida (la proporción de la libertad) significaba la muerte de su utilidad como peón. Un hombre despierto no va a la guerra a morir por un trozo de tierra de otro.

Los templarios convivían con los dos planos: En la mayoría de lugares ponían el clavo (1,666). En Fuendejalón, a la sombra del Moncayo, alguien dejó la llave del 1,618 escondida en un laberinto de letras. ¿Gestores del engaño, conviviendo con "infiltrados"?

Los Maestros Constructores, en ocasiones, utilizaban en la catedral ambas proporciones: la mosaica para lo visible, y la áurea para lo invisible (desde el desconocimiento no puedes controlar al sabio). Mezclaban la ingeniería de la materia con la ingeniería del Espíritu, que convertía a la catedral en un campo de batalla vibratorio donde siguen conviviendo las dos fuerzas: La Proporción Mosaica (1,666) para el esqueleto visible: Es la "Ley", el rigor de la piedra que debe soportar el peso. Es la medida que el sistema (el Gran Arquitecto) permite que se vea y se enseñe, y su función permite clavar la estructura al suelo. Es la geometría que entiende el "dormido": muros, contrafuertes, jerarquía. Se presenta como la única verdad técnica para que el constructor olvide el Origen. Es el "Manzano" que da un fruto pesado y terrenal. Pero el maestro avisado mezcla la mosaica con la Proporción Áurea (1,618) para lo invisible: Aquí es donde entra el Saber del Arca de Oviedo. Se usa esta proporción para "hacer que entre la luz" al templo. Aplicando en secreto el número φ (1,618) en los vanos, en la altura de las naves, o en la curvatura de los arcos (la piedra deja de ser un muro para convertirse en un filtro). La luz que atraviesa un espacio diseñado con la proporción áurea su efecto no es solo iluminar, sino que despierta: Es el "Granado" (Árbol de la Vida); la luz que "mata" al vehículo para liberar al Espíritu que viaja en él. Es una técnica de contrabando sagrado: Usaban el 1,666 para que el sistema (la Iglesia oficial, los benedictinos, los hermanos cistercienses) dieran el visto bueno a la obra, creyendo que era un templo de "Ley y Orden". Pero escondían el 1,618 en las medidas internas para que, una vez construido, el templo actuara como una antena de liberación del Espíritu. El sistema ponía el envoltorio de papel (el clavo, la letra, el rito), pero el iniciado (el "hombre de piedra") que sabe que la verdadera potencia está en la proporción invisible que permite que la luz (la Verdad) atraviese la materia, ponía el caramelo. En Fuendejalón, al estar cerca del Moncayo, no necesitaban una catedral entera, les bastaba con ese laberinto de la Virgen del Castillo para crear un punto donde la luz del saber del Arca pudiera "entrar" en el terreno seco del cereal, el vino, y los caballos.

Los mensajes ocultos

Aprender a Escapar

Una idea presente en el laberinto de Fuendejalón, a través de la oración que se repite en más de 41 M de rutas, es que todas las vueltas que podemos darle a la oración nacen en la “A” de Alfa, y finalizan en los cuatro vértices del laberinto señalados por su correspondiente "O" de Omega: Una sola puerta de Entrada, y cuatro puertas de Salida. Si el Espíritu que entró por el umbral no está avisado, no podrá salvarse, y tendrá que volver al Inicio (como en el juego de la OCA). Comenzará una nueva vida, que la pasará de nuevo, rogando asistencia, mientras camina por uno de los más de 41 millones de rutas, hasta que despierte y quiera escapar.

¿Por dónde escapar del laberinto? (el gran secreto): Pasamos de la geometría, a la Escatología (el destino final del alma). No es solo una lectura simbólica, es la descripción de una "Trampa de Luz" o un "Mecanismo de Liberación" diseñado en piedra. Bajo la óptica de los antiguos constructores y la mística del "Origen", la estructura cobra un sentido trascendental a través del Alfa y el Omega: La "A" de Alfa es la que señala el inicio de la oración y de la vida: Es la “A” de "Arquitecto", pero también, el umbral de la puerta por donde entra el Espíritu a este mundo de materia, el punto de encarnación, y también, la bomba impulsora que mueve la vida. De la “A” parten los 41.602.400 caminos posibles que podemos tomar para llegar a las cuatro "Oes" Perimetrales (Omega).

La reencarnación: Dentro de la tradición gnóstica de la que también beben los maestros constructores, está el Ciclo de Retorno (La Reencarnación): si el alma llega a la “O” pero su Conciencia (el test del que hablábamos al principio) todavía está apegada al ruego o a la forma, su tendencia natural será volver la vista atrás. Al mirar atrás desde la esquina, lo único que verá es la “A” central que la llama de nuevo. Si "vuelve" a la “A”, el ciclo se reiniciará. Elegirá un nuevo camino, y comenzará una "nueva vida" de ruego de asistencia y aprendizaje. Es el Samsara o la rueda de la vida atrapada en el cuadrado de 27x27 del laberinto de Fuendejalón que la representa.

Las “O” de Omega: Los cuatro vértices donde están las letras “O” no son sólo el final del texto, son puntos de fuga. El "Espíritu avisado" que ha sabido despertar y ha salido del engaño sabe que la “O” no es el final de una frase, sino un agujero de gusano. Para escapar, no debe volver al centro, sino atravesar la letra “O”, saltar fuera del marco del laberinto. Aquí el mantra "Asistidnos Virgen del Castillo" cobra su significado último: No se le pide asistencia a la Virgen para vivir mejor dentro del laberinto, sino para que empuje hacia afuera en el momento del tránsito.

Y volvemos a la Paradoja de los más de 41 millones: Esa cifra mareante que calculamos ahora se ve distinta: no es solo una curiosidad matemática, es la medida de la distracción. Hay tantos caminos posibles que es casi imposible no perderse y terminar volviendo al centro por puro agotamiento o falta de atención. Como conclusión: El laberinto es una herramienta de entrenamiento. Te enseña a recorrer el camino millones de veces para que, en el momento final, cuando llegues a la última “O”, tengas la lucidez de no mirar atrás y "escapar". "La “O” no es una meta, es una salida. El Espíritu que vuelve a la A, vuelve a la vida; el que salta la “O”, vuelve a su Origen" (se salva).

Las Puertas del Cielo:

¿La posición de esas "Oes": Su posición en los cuatro puntos cardinales del cuadrado del laberinto tiene alguna relación con las "Puertas del Cielo" de las que hablaba la tradición antigua?

Has dicho ¿Cuántas puertas cita y qué tradición es? Este laberinto no contempla la vida como aventura como hace el juego de la OcA. No es una aventura de "suerte o azar", sino un proceso de sueño o vigilia. Si el Espíritu no está "despierto" (consciente de su propia conciencia) al llegar al borde, la inercia del ruego lo succiona de nuevo al centro. Es una visión mecánica, casi gélida, de la existencia como una tarea de repetición hasta lograr la lucidez5. La tradición que más se ajusta a este esquema geométrico de "salida o retorno" es la Tradición Hermética y Neoplatónica, que luego heredaron los constructores medievales. En la cosmología antigua (y en el diseño de templos), se hablaba de las Cuatro Puertas Cardinales o "Puertas del Cielo". Estas no son puertas físicas, sino umbrales vibratorios. La Puerta de los Hombres es la de Cáncer: Es por donde las almas "descienden" a la ("A" central), la entrada al laberinto de los encarnados. La Puerta de los Dioses es la de Capricornio: Para los Espíritus de los hombres es la puerta de salida hacia el Origen (la Salvación). En el laberinto, las "Oes" que se traspasan con la conciencia despierta. Las Puertas de los Equinoccios (Este y Oeste): Representan los puntos de equilibrio y paso.

El Laberinto de 27x27, más que juego es un Sistema de Control: Este juego de laberinto es "mucho más aburrido" que la Oca. El Juego de la Oca es una espiral de saltos; el laberinto es una rejilla rígida. En la Oca, hay puentes, posadas y dados que te ayudan o retrasan. En el laberinto de Fuendejalón, no hay azar. Solo hay 41 millones de pasos lógicos en los que el fiel pide ayuda y el aspirante busca el saber. Es una "piedra de moler el tiempo". Si el Espíritu recorre el camino de forma automática (dormido), el laberinto cumple su función de mantenerlo atrapado. La única forma de romper el "aburrimiento" es despertar, aunque se produzca en el último instante, justo antes de tocar la "O" de salida.

La Tradición del "Paso Estrecho": Muchos textos de la mística (desde el Libro de los Muertos egipcio hasta los tratados alquímicos que citaba Fulcanelli) advierten de esto: Al final del camino, hay guardianes en los "umbrales" (los Arcontes). Si el alma llega insegura balbuceando el mantra por costumbre, pero sin saber qué es, el guardián la devuelve al inicio. En el cuadrado, las cuatro "O" en los vértices actúan como esas cuatro puertas. Si no estás "avisado", la “O” se cierra y se convierte en el arco de un círculo que te devuelve a la “A”, como las bolas del futbolín, que cuando entran la portería, siguen rampa abajo para almacenarse en la caja hasta el siguiente juego. El laberinto de Fuendejalón también sería un "Reloj de Almas": El 27 (3x3x3), el cubo perfecto, la cárcel de la materia; el 17; la oración que se gasta con el uso; la “O” final, el único punto donde la geometría se rompe para dejar salir a los despiertos. Es una visión austera, casi técnica. No hay dados, solo pasos. No sé si los canteros hicieron aburrido el laberinto como estrategia, para que el alma, harta de repetir, se viera obligada a despertar por puro hastío.

La Tradición de la Luna como "Posada" de Almas

En la mística que manejaban los constructores y que autores como Fulcanelli o los antiguos gnósticos conocían bien, la Luna no sería un satélite muerto, para ellos era el "Filtro de Retorno". El engranaje principal de esa "máquina de repetición” que hemos descrito. Si vemos el laberinto de Fuendejalón como un mapa del destino, la Luna encaja perfectamente en la visión del "Espíritu dormido” que vuelve a la “A" y vuelve a ser encarnado:

En las tradiciones que conectan con ese medievo profundo, la Luna es la última esfera antes de salir al Origen (el Sol o las Estrellas). Haría de Posada: Se decía que las almas, al morir, iban a la Luna. Pero no para quedarse, sino para ser "pesadas" (Anubis el pesador de almas). La Luna no tiene luz propia, sólo la refleja, como los espejos reflejan las imágenes. De la misma manera, refleja tu Conciencia. Si al llegar allí (a la "O" del laberinto) el alma sigue llena de deseos, miedos o apegos a lo material de la Tierra, la Luna actuará como un imán (que atrae o rechaza según la polaridad), y la devolverá a la “A” central para que empiece otro ciclo en el laberinto de 27x27.

El Ciclo Lunar: Aquí la matemática del laberinto se vuelve asombrosa: El ciclo de la Luna (el mes sidéreo, lo que tarda en dar una vuelta completa a la Tierra respecto a las estrellas) es de 27,3 días; el laberinto tiene 27x27 casillas. Es como si el diseño del laberinto fuera un sincronizador lunar. El que recorre el laberinto está "ensayando" ese ciclo lunar. Si no aprendes a navegar esos 27 días (o casillas) con la conciencia despierta, te quedarás atrapado en el mes eterno, volviendo siempre al novilunio (el inicio).

Luna Llena: La letra “O” es la forma de la Luna Llena. Es el momento de máxima luz, pero también de máximo peligro de encandilamiento. El "Espíritu avisado" ve la “O”y sabe que es un portal. El espíritu dormido ve la “O”, se maravilla con su luz (el reflejo) y se queda allí "en la posada", perdiendo la oportunidad de escapar hacia el Origen verdadero. Podemos unir la dura realidad de Fuendejalón con esta cosmología: "Igual que el agricultor mira la Luna para saber cuándo sembrar y no perder la cosecha, el Espíritu debe mirar la “O” del laberinto para saber cuándo saltar y no perder la Eternidad". La Luna es la que marca el ritmo de ese "aburrimiento" cíclico del laberinto; el péndulo que nos mantiene en la cuadrícula hasta que se enciende la bombilla y nos despierta su luz.

Espero que os haya gustado, y si no ha sido así, que al menos os haya sorprendido.


1 El Árbol de la Ciencia es el manzano, y dicen que el Árbol de la Vida es el Granado y que si comemos de él "moriremos". Mira el laberinto: tiene múltiples caminos (semillas), pero todos salen del mismo centro o llegan a él (la unidad). Aquí está la paradoja del árbol de la vida: Entrar en el laberinto y resolverlo es "morir" al camino recto y previsible del sistema. Salir de él es “renacer”, recuperando la visión del Espíritu, que es indestructible y no entiende de distancias, sino de proporciones. Esos cuadros de letras en las iglesias asturianas y templarias son la prueba de que el saber no se perdió; simplemente se hizo "laberíntico", se ocultó, para que el que no tuviera el Espíritu despierto pasara por delante sin ver nada más que una piedra curiosa. ¿Qué fue el Camino de Santiago?: Para el maestro constructor en ciernes, una búsqueda del conocimiento olvidado, plasmado por otros maestros en construcciones de piedra que debía encontrar y resolver para alcanzar “el oficio”; para el resto, esfuerzo, sudor y fe. El maestro en ciernes había conseguido entrar en el gremio, y alguien le tuvo confianza y le confió el secreto: “Recorre el Camino que lleva a Galicia hasta llegar a Finisterre, y busca el saber en cada lugar santo”.

2 El caballo “Destrero” que criaban los templarios y cistercienses en España era el Rey de la Batalla: No era una "raza" en el sentido moderno (con pedigrí), sino un tipo de caballo seleccionado por su bravura y potencia.
No era excesivamente alto, pero sí muy musculoso y de pecho ancho. Agilidad: Necesitaba capacidad para realizar paradas bruscas, giros en redondo y "corvetas" (levantarse sobre las patas traseras) para defender al caballero. Temperamento: Se buscaban sementales enteros (no castrados) por su agresividad natural en el combate.
En el entorno del Moncayo, los caballos de guerra que criaban eran mezcla de tres razas principales: Caballo Ibérico (Antecesor del Pura Raza Española): Era el más codiciado en toda Europa por su "fuego" y su capacidad para la doma vaquera y de guerra. Era ágil, valiente y capaz de soportar el peso de una armadura sin perder velocidad. Caballo árabe: Gracias a la cercanía con la frontera andalusí, la sangre del caballo del norte de África (fino, resistente y veloz) se mezclaba con el caballo local para darle un fondo físico inagotable. Rocines y de Carga para darles potencia. Los percherones o caballos de gran alzada no se utilizaban para el combate, ni para cruce; se usaban como animales de tiro para los carros de suministros o para los escuderos.

3 El Moncayo: La Forja de la Frontera: Al herrar a los caballos en el entorno del Moncayo, estaban convirtiendo a un animal de pasto en una máquina de guerra. El Moncayo ha sido históricamente una "isla" de recursos. Tener buen hierro a pie de monte permitía a Veruela y Fuendejalón una autonomía total: No necesitaban importar acero de otras regiones. Podían fabricar sus propias herraduras, bocados y espuelas, diseñados específicamente para el terreno pedregoso. El hierro de esta zona permitía crear herramientas de cantería (cinceles y punteros) capaces de trabajar el sillar con la finura necesaria para esculpir crismones y laberintos sin que la herramienta perdiera el filo; también armas. El herraje da ventaja táctica: Protección y Agarre: Un caballo herrado podía ir más rápido y llegar más lejos, pasando por donde un caballo sin herrar se despeñaría o quedaría inutilizado por lesiones en los cascos. Al controlar las herrerías, los monjes controlaban el tránsito. Era el equivalente medieval a tener las gasolineras y los talleres en una ruta estratégica.

4 El Color como Reactivo: Fulcanelli enfatiza que en la Alquimia, los colores (Negro, Blanco, Rojo, Oro) marcan las etapas del proceso. El hecho de que el laberinto use el Rojo y Oro en la muralla exterior coincide con la "Gran Obra" finalizada, el estado de perfección.

5 Se despierta mientras estás recorriendo el camino de la vida. Si no llegas despierto al final, el equivalente a la "O" del laberinto, vuelta a empezar en la “A” del inicio (como en el juego de la OCA cuando caes en la casilla de la muerte).